Minuto a minuto con la mano abierta
en el surco de tu vida siembra, siembra.
Deja caer el grano, entrega al mundo tu ofrenda
como el Sembrador Divino, siembra...
Nada se pierde, de lo que se entrega
el Señor cosecha, tu siembra, siembra.
No importa que nunca el fruto en sazón veas
tú solo eres instrumento, siembra...
Entrégate siempre, no te detengas
a cada momento, siembra, siembra
los que tras de ti caminen la senda,
saborearán el fruto, siembra, siembra.
Y cuando la semilla hecha planta florezca
habrá dos motivos: Dios y tu siembra.